lunes, febrero 16, 2009

Trascendencia

Ayer discutía con alguien sobre la tan llevada y traída trascendencia humana: ¿sólo se consigue teniendo hijos? ¿todo mundo quiere trascender? ¿me arrepentiré cuando sea una anciana de no haber tenido trascendente descendencia? (¿llegaré a anciana?).

Tanto me quedé pensando en eso que soñé que descubrían el modo de ser todos inmortales; pero que, para controlar la cantidad de gente en el mundo, la opción era: o inmortalidad o hijo (sí, sólo uno/a por persona). Y en mi sueño, muchos que ya tenían hijos mentaban cuanta madre, diciendo que era injusto que les negaran la inmortalidad porque cuando tuvieron a los hijos "no sabían" que habría luego la posibilidad de no morir; otros, en cambio, preferían tener al hijo que vivir por siempre; y otros más planeaban el asesinato de sus hijos para ver si aplicaba la nueva ley a su favor...

Era una especie de fin del mundo, pues. Muy divertido, aunque sin zombies.

3 comentarios:

7mo Sentido dijo...

wow!!! muy cinematográfica la idea... me gustó. yo ultimamente he pensado en si estaríamos preparados para vivir infinitamente, si con una vida promedio a veces no podemos!

Antonio dijo...

Dice la RAE

trascendencia.
(De transcendencia).
1. f. Penetración, perspicacia.
2. f. Resultado, consecuencia de índole grave o muy importante.
3. f. Fil. Aquello que está más allá de los límites naturales y desligado de ellos.

No me suena a tener hijos por ningún lado...
La acepción número tres incluso me podría poner a pensar que la única forma de lograrlo es convirtiéndose en zombie místico, mágico y musical (sin las dos primeras partes, no es necesariamente TAN sobrenatural, por ejemplo, si la err...mutación es producto de un virus). O volverse...espíritu.

Cin dijo...

Y luego están los gatos. Uno podía tener hijo, ser inmortal o adoptar un gato - el que, si es bien cuidado, le dará a amo algunas de su siete vidas. Algunas veces se darían casos en las que, por ahí de los 350 años, gato y amo se dieran cuenta que ya estaban un poco cansados del mundo. Entonces, saldrían al parque, conversando, con una mantita. El dueño humano se sentaría con la mantita y el gato encima y cerrarían los ojos por ahí de la caída del sol, siempre, siempre en verano.